Proyecto “Papás por el mundo” – #11 Andrew de Lima

¡Hola lectores del blog!

 

En primer lugar, me gustaría registrar el inmenso cariño y satisfacción que sentí al recibir la invitación de mi amigo (mexicano) para describirles sobre mi experiencia como padre. Es gratificante saber que cada vez más espacios como éste están siendo abiertos para el diálogo y la reflexión acerca de las experiencias de la paternidad.

 

Permítanme presentarme: Me llamo Andrew, brasileño, casado y padre de un bebé de 1 año de edad, de nombre Joaquín. ¡Es hermoso mi bebé! ¡Aquí está la foto que no me deja mentir! hahaha

 

Se ha hablado últimamente acerca del término “Paternidad activa / participativa”, sobre ser un “padre presente” en la vida de un hijo y sobre cómo toda esa interacción familiar impacta la vida de un hombre.

 

Particularmente, creo que cuando descubrimos que seremos padres, independientemente del momento en que eso suceda en nuestra vida, sea si estábamos preparados o si fue totalmente fuera de nuestros planes, independiente de cualquier cosa, sólo tenemos dos opciones: ser meros espectadores sentados en una silla viendo la vida pasar o adoptar verdaderamente la nueva vida que nace en nuestro corazón.

 

Al optar por la primera opción, elegimos permanecer en la zona de confort, optamos por sobrecargar a las madres y contentarnos sólo con las sobras de la creación / educación. En primera estancia, reconozco que es bastante tentador, para nosotros como hombres, tomar sólo el papel de proveedor de la casa, de aquella figura que llega al final del día, juega un poco con los niños y se sienta en el sofá para leer el periódico o ver el juego de fútbol del equipo preferido.

 

Sin embargo, perdimos momentos valiosos, experiencias increíbles que sólo la SEGUNDA OPCIÓN nos puede conceder. Ser padre activo es ir más allá de lo biológico, es tomar para sí una vida que era desconocida hasta el parto y cuidar atentos para que esa vida se desarrolle siguiendo tus ejemplos.

 

Hasta el momento que mi hijo nació, nunca había sostenido a un bebé en el regazo, pero el día en que nació Joaquín, fui el primero en sujetarlo en los brazos. Le di el primer baño cuando tenía sólo unos días de vida y por supuesto cambié sus pañales. No me gusta contar eso como una ventaja pues es una tarea simple que hacemos los papás activos con mayor placer. Participar de la educación no sólo viéndolo crecer, te permite momentos singulares tales como: saber que tu bebé siente cosquillas en determinada parte del cuerpo cuando lo enjugas en el baño, o que él puede dormirse más rápido cuando cantas una canción que a él le guste. Es ir al trabajo, cada día, muriendo de nostalgia y volver a casa deseando ser recibido por la sonrisa más sincero e inocente del mundo.

 

Es también pasar por malos ratos, momentos difíciles y noches sin dormir (Mi hijo tiene reflujo y alergia a la proteína de la leche, desde sus dos meses de vida sufrimos para regular su sueño y su dieta), por llantos incontrolables y terquedad, sin embargo, es también vivir siempre pensando en el pasado, presente y futuro: “¿El hombre que me he convertido hoy será mañana un buen ejemplo para mi hijo? ¿Qué puedo cambiar en mí para que mi hijo se enorgullezca del padre que tiene? ¿Qué es lo que mi hijo va a ser cuando crezca? “Preguntas, preguntas y más preguntas…

 

Es increíble cómo el amor por un hijo te transforma, muestra tus defectos y te hace querer ser mejor, ser su ejemplo.

 

Si yo pudiera darles un consejo, un solo consejo para quien quiere ser padre o hasta para quien ya lo es, yo les diría: Aprovecha el ahora, pues el tiempo es tu enemigo, juega en tu contra. Y por más que la gente no quiera, no hay manera de detenerlo, el tiempo vuela. Llegará la adolescencia, la fase adulta…

 

Y ahí, ¿vas a seguir perdiendo todo eso?

 

¡Yo creo que no!

 

Abrazos,

 

Andrew de Lima

Instagram: @primeiramentepai

Brasil

Texto original:

Olá leitores do blog!

Antes de tudo, gostaria de registrar o imenso carinho e satisfação que senti ao receber o convite do meu amigo (pana) mexicano, para descrever-lhes sobre minha experiência como pai. É gratificante saber que cada vez mais espaços como este estão sendo abertos para o diálogo e reflexão acerca das experiências da paternidade.

Permitam-me apresentar: Me chamo Andrew, brasileiro, casado e pai de um bebê com 11 meses, de nome Joaquim. É lindo meu bebê! Está aí a foto que não mente! Kkkk

Muito tem-se falado ultimamente acerca do termo “Paternidade ativa/participativa”, sobre ser um “pai presente” na vida de um filho e sobre como toda essa interação familiar impacta a vida de um homem.

Particularmente, acredito que quando nos descobrimos pais, independente do momento em que isso aconteça em nossa vida, seja se estávamos preparados ou se foi totalmente fora dos nosso planos, independente de qualquer coisa! Só temos duas escolhas a fazer: Sermos meros espectadores com cadeira cativa ou adotarmos verdadeiramente a nova vida que nasce em nosso coração.

Ao optarmos pela primeira opção, escolhemos permanecer na zona de conforto, optamos por sobrecarregar as mães e nos contentar apenas com as sobras da criação/educação. Em um primeiro momento, digo-vos ser bastante tentador ao homem tomar para si apenas o papel de provedor da casa, daquela figura que chega ao final do dia, brinca um pouco com as crianças e senta no sofá para assistir ao jornal ou ao jogo de futebol do time preferido.

No entanto, perdemos momentos valiosos, experiências incríveis que apenas a SEGUNDA OPÇÃO pode nos conceder. Ser pai ativamente é ir além do biológico, é tomar para si uma vida que era desconhecida até o parto e cuidar atentamente para que ela se desenvolva segundos os teus exemplos.

Até meu filho nascer, eu nunca havia segurado um bebê no colo, mas no dia em que Joaquim nasceu eu fui o primeiro a segurá-lo nos braços. Dei banho quando ele tinha apenas alguns dias de vida e trocar fraldas, já nem conto isso como vantagem de tão simples que é. Participar da criação e não apenas assistir o seu bebê crescer, te permite momentos singulares tais como: saber que seu bebê sente cócegas em determinada parte do corpo quando o enxugas do banho, ou que ele consegue adormecer mais rápido quando cantas uma canção de que ele goste. É ir pro trabalho, todo dia, morrendo de saudades e voltar pra casa desejando ser recebido pelo sorriso mais sincero e inocente.

É também passar por maus bocados, por noites mal dormidas, ou nem dormidas (meu filho tem refluxo e alergia à proteína do leite. Desde  seus dois meses de vida sofremos para regular seu sono e sua dieta), por choros de birra e teimosia. É também viver sempre a pensar no passado, presente e futuro: “Será que o homem que me tornei hoje seria um bom exemplo para o meu filho? O que eu posso mudar em mim para que meu filho se orgulhe do pai que tem? O que será que meu filho vai ser quando crescer?” Perguntas, perguntas e perguntas…

É incrível como o amor pelo filho te transforma, mostra teus defeitos e te faz querer ser melhor, ser exemplo!

Se eu pudesse dar um conselho, um único conselho para quem quer ser pai ou até pra quem já é, eu diria: Aproveite o agora, pois o tempo é teu inimigo, joga contra. E por mais que a gente não queira, não tem jeito, o tempo voa. Chegará a adolescência, a fase adulta…

E aí, vais querer continuar perdendo tudo isso?

Penso que não!

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