Proyecto “Papás por el mundo” – #5 Julio Paiva

Piensa en algo que te gustaría tener con todas tus fuerzas… ¿ya pensaste? Pues bien, así fue con Theodoro.

 

En agosto de 2009 nos llegó la confirmación del embarazo. No hubo susto ni llanto sólo alegría y la certeza de que mi sueño de ser papá estaba a punto de convertirse en realidad.

 

Parecía que yo era el embarazado. Sentía mareos y deseos y no entendía que estaba pasando. Hoy es totalmente comprensible a través de nuestra conexión.

 

Participé en todo, desde la la organización del baby-shower, en la elección del hospital para ver donde iba a nacer, así como en la decoración de su habitación. Suele decirce que el papá sólo se convierte en padre después del nacimiento del hijo… ¡mentira! yo he sido papá de Theodoro desde la prueba de embarazo.

 

Tenía un matrimonio estable y jamás me pasó por la cabeza la separación, sin embargo, hay cosas que llegan de repente, y en mí caso así sucedió. Ese momento de la separación solo podía pensar en una cosa, mi hijo, estaba asustado e intranquilo ya que no sabía si me privarían de la convivencia con él o no. ¡Caramba! él sólo tenía dos años. Gracias a Dios todo encajó con el tiempo y hasta el día de hoy no tengo ningún reclamo hacia su madre, pues ella nunca se metió en nuestra relación de padre e hijo. Yo iba por él a la escuela todos los días y cada 15 días teníamos un fin de semana solo para los dos.

 

De repente me vi en el mundo solo con un niño de dos años y fue una experiencia única. Cambiar el pañal en las plazas comerciales y sentir aquellas miradas de la gente como pensando: “donde está la madre”, “un hombre no puede hacer eso”. Confieso que muchas veces cambiar el pañal más rápido que las mamás que estaban ahí eran una gran satisfacción. Si en nuestra sociedad existen prejuicios con las madres solteras, imaginen con un papá soltero… es complicado.

 

Estar con mi hijo siempre ha sido motivo de mucha alegría y placer. Acostumbra decir en las publicaciones de las redes sociales que Theo y yo estábamos construyendo “nuestros momentos”. Theo aprendió a leer conmigo, así como a andar en bicicleta. También le enseñé a nadar ya que soy maestro de educación física. Día con día nuestros lazos se fueron fortaleciendo.

 

Al contrario de lo que la gente seiempre dice, yo me esforzaba para darle a Theodoro lo que yo siempre tuve: educación y principios religiosos. Claro que es imposible medir nuestros esfuerzos hacia los hijos, Theo estudia en una escuela particular, tiene clases de inglés, capoeira, karate, fútbol, ​​guitarra, pero sobre todo Theo es un niño muy feliz.

 

Quien me sigue en el Instagram, puede ver una entrada de Octubre/2016 titulada: “el mejor día de mi vida”. En ese día, después de algunos problemas, la madre de él aceptó mi petición de que Theodoro viviera conmigo.

 

¡Mi hijo viviendo conmigo! ¡Increíble! Ser padre soltero no es tarea fácil… Podría seguir escribiendo lineas y lineas de mi hijo y de mi historia con él.

 

Estos 7 años no pasaron volando, pasaron en el tiempo exacto de Dios y a él siempre le estaré agradecido por haberme dado a este niño sano, inteligente y cero problemático. Vivimos cada día con mucho amor. Me siento orgulloso de ser ejemplo de paternidad en ese mundo tan frío y seco. Tal vez a los ojos de algunos nuestras vidas puedan parecer simples, sin embargo la riqueza de cariño, amor, confianza, la verdadera construcción de la relación de padre e hijo no lo cambio y no cambiaría por nada.

 

Hoy, me siento completo por tener a Theodoro conmigo. Amo incondicionalmente a mi hijo.

Julio Paiva Instagram

Instagram: @profjuliopaiva

Brasil

 

Texto original:

Pensa em algo que você quer muito? Pensou? Pois bem, assim foi com o Theodoro. Em Agosto de 2009 tivemos a confirmação da gestação. Não houve sustos. Apenas alegria e a certeza que o sonho da paternidade seria realizado.

Eu fiquei grávido. Senti enjoos e desejos. Não entendia isso. Hoje é totalmente compreensível através da nossa ligação.

Tudo. Participei de tudo, desde a elaboração do chá de bebê as visitas nos hospitais para escolhermos onde ele nasceria, assim como pintei as paredes de seu quarto e escolhi seus móveis.  Costumam dizer que o pai só é pai depois do nascimento do filho. Balela. Eu fui pai do Theodoro desde o exame da farmácia.

Tinha um casamento estável e nunca cogitei a separação, mas aconteceu, foi um baita susto, só pensava nele, se seria privado da convivência com meu filho, ele só tinha dois anos.
Graças a DEUS tudo se encaixou e não posso reclamar da mãe dele, pois ela nunca se colocou entre nós. Eu o pegava na escola todos os dias e os fins de semana eram alternados.

De repente me vi no mundo sozinho com um cara de dois anos. Foi um barato. Ir trocar a fralda nos espaços em shoppings e sentir aqueles olhares de: onde está a mãe, um homem não faz isso!!  e muitas vezes trocar mais rápido do que as mães que lá estavam eram uma grande diversão. A sociedade diz ser preconceituosa com a mãe solteira, acho mesmo que é, contudo com o pai solteiro também é E MUITO.

Estar com meu filho sempre foi motivo de muita alegria e prazer. Costumava dizer como em postagens nas redes sociais que estávamos construindo os “nossos momentos”. Aprender a ler foi comigo, assim como a andar de bicicleta. Nadar também, eu que ensinei, sou professor de educação física. Nossos laços estavam sendo construídos, dia a dia.

Eu sempre me esforcei para diferente do que as pessoas dizem, dar ao Theodoro o que eu sempre tive: educação, princípios religiosos. Claro, é impossível medir esforços para um filho, ele estuda em escola particular, tem aulas de inglês, capoeira, karatê, futebol, violão, mas acima de tudo é uma criança feliz.

Quem me segue no Instagram, pode ver uma postagem de Out/2016 intitulada: o melhor dia da minha vida. Nesse dia, depois de alguns problemas a mãe dele aceitou o pedido para que ele morasse comigo. Meu filho morando comigo!! Nossa!! Ser pai solteiro não é tarefa fácil, mas….

Poderia ficar horas falando do meu menino. Esses 7 anos não passaram voando, passaram no tempo exato de Deus e a ele eu sou grato diariamente por ter “me dado” uma criança leve, sadia, inteligente. Vivemos cada dia com muito amor. Orgulho-me sim de ser exemplo de paternidade nesse mundo tão frio e seco. Talvez aos olhos de alguns nossas vidas possam parecer simples, contudo a riqueza de carinho, amor, confiança, a verdadeira construção da relação de pai e filho eu não troco e não trocaria por nada.

Hoje, eu, sou completo por ter o Theodoro comigo. Amo incondicionalmente meu filho.

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