Mi hija tiene uno

Demoré mucho tiempo para entender porque mi esposa estaba tan nerviosa cuando salieron aquellas líneas en la prueba de embarazo. Como yo siempre quise tener un hijo (o una hija) le dije que todo iba a salir bien, sin importar que la noche anterior habíamos discutido seguramente por alguna tontería; ella continuó llorando quizá de nervios y yo no lograba comprender el porque. En mi cabeza todo me indicaba que un hijo era la pieza clave del rompecabezas que nos hacía falta para ser mucho más felices. Claro que nunca pensé en todos los cambios que llegarían en los próximos nueve meses y para el resto de nuestras vidas.

 

Creo que sentí lo que significaba ser papá hasta el día del parto. Fuimos al ginecólogo, doctor amigo de la familia, la mañana del 26 de Junio de 2016, ya que la noche anterior mamãemexicana había comenzado a sentir las contracciones cada vez más constantes. El doctor mencionó que Pia ya estaba en camino y que pronto llegaría a nuestros brazos. Yo pensé “¡NO! ¡No doctor, aún no estoy preparado para conocerla, para ser papá!” y fue en ese momento cuando sentí los nervios por primera vez, porque durante nueve meses mamá, inconscientemente, se estaba preparando para ese día, pero yo no.

 

Después de dar a luz, de aquel momento extremadamente impactante, acompañé a mi hija y al pediatra a los cuneros para ayudar en el llenado de documentos de oficio. La enfermera dejó a mi bebé en una de las camitas y a los pocos minutos comenzó a llorar, creo que mi instinto protector se activó al instante porque casi sin pensarlo le dije a la enfermera –mi hija está llorando, ¿la puede ayudar por favor?- ella simplemente se quedó mirándome y dijo –papá, ahora ese asunto le corresponde a usted- y a pesar de que inmediatamente la asistió, esas palabras se incrustaron en mis oídos como tatuajes.

 

La paternidad para nosotros llega muy por detrás de la maternidad y demoramos un poco más para poderla entender. Nosotros los papás no estamos preparados para tal acontecimiento. De niños no jugamos a la casita ni vestimos a las muñecas, nunca nadie nos preparó para convertirnos en papás, para cambiar un pañal o dar de comer papilla a un Nenuco. Algunos hombres creen que eso es cosa específica para mujeres, pero yo creo que no. Quizá el jugar con Nenucos sea mal visto para los niños varones, sin embargo, mentalizar a nuestros hijos desde pequeños para tener más sensibilidad, acercarlos más a los juegos referentes con el cuidado de los bebitos hará que ellos se preocupen más por los demás en un futuro y con eso estoy seguro que será mucho más fácil, casi imperceptible, dividir las tareas del hogar. Confieso que a mí me hubieran servido mucho estos consejos antes de convertirme en papá.

 

Mi hija hoy está cumpliendo su primer año de vida y podría parecer que a esa edad no sirve de nada jugar con ella a la casita, con los peluches o con los armables de colores, pero es todo lo contrario. Los niños se divierten mucho, ríen, cantan, aplauden y repiten todo lo que ven. En estos días le estaba dando de comer a Pia jugando de avioncito, cuando ella tomó la cucharita e hizo el mismo movimiento del avión para mí y yo abrí la boca, ella sólo sonrió con aquella mirada que sólo ella tiene, me dio un par de cucharaditas más y seguimos comiendo juntos.

 

Sé que en unos 150 años más ella encontrará a su alma gemela para casarse y formar una familia, tal vez él ya nació y está por ahí dando sus primeros pasos, diciendo sus primeras palabras o quizá, dándole de comer a un Nenuco.

 

Muchas felicidades hija, y muchas felicidades amor mamãemexicana, hace un año las dos obtuvieron el título de mamá e hija, respectivamente. Hace un año los tres conocimos el más puro amor.

Miguel – papaimexicano

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